Para un joven como Sebastián, terminar el bachillerato parecía el final del camino en lugar del comienzo. Criado en un barrio donde las opciones suelen reducirse a la informalidad o a caminos mucho más peligrosos, Sebastián no veía en la universidad una posibilidad real, sino un sueño ajeno. La falta de referentes profesionales en su familia y la presión económica por aportar dinero inmediato al hogar lo tenían a un paso de abandonar sus estudios para aceptar cualquier trabajo mal remunerado. La desesperanza juvenil es un problema silencioso que apaga talentos antes de que tengan oportunidad de brillar.
A través del programa de Liderazgo Juvenil de la Fundación, Sebastián encontró el puente que necesitaba. La solución que propusimos fue una mentoría intensiva que lo conectó con becas y programas de financiación que él desconocía. Le enseñamos a preparar sus exámenes de admisión y, lo más importante, le dimos el acompañamiento emocional para que creyera que ese espacio también le pertenecía a él. Gracias a la gestión de la fundación y a su disciplina, Sebastián obtuvo una beca completa para estudiar Trabajo Social. Su transformación ha impactado a todo su barrio: ahora los niños más pequeños lo ven a él como el referente de que sí es posible cambiar la trayectoria de una vida con educación y determinación.
