Lorena llegó a nosotros con un agotamiento que iba más allá de lo físico; estaba emocionalmente desconectada de sus dos hijos pequeños. La depresión no diagnosticada, sumada a la presión de ser el único sustento de su hogar tras el abandono de su pareja, la había convertido en una mujer reactiva y distante. El problema era una crisis de salud mental que estaba afectando directamente el desarrollo emocional de sus hijos, quienes empezaban a mostrar signos de ansiedad y bajo rendimiento escolar. Lorena quería ser una buena madre, pero no tenía las herramientas internas para gestionar su propio dolor.
La intervención de la fundación fue integral. Primero, priorizamos su salud mental mediante sesiones de psicología clínica individuales. Entendimos que para salvar a los niños, primero debíamos fortalecer a la madre. Paralelamente, sus hijos ingresaron a talleres lúdicos en ViveKids para sanar sus propias heridas. La solución fue crear un entorno de apoyo mutuo: mientras Lorena aprendía pautas de crianza respetuosa y manejo de crisis, la fundación la apoyaba con kits nutricionales para aliviar su carga económica. Hoy, el ambiente en su hogar es de paz. Lorena ha vuelto a conectar emocionalmente con sus hijos, demostrando que sanar la mente de una madre es la inversión más poderosa para proteger el futuro de una familia.
